En Burdeos

Afrancesados y Doceañistas: enemigos en la guerra y compañeros en la derrota
El fracaso de la revolución y el exilio liberal e ilustrado (1814-1820 / 1823-1833)

Todo ejercicio de comprensión del convulso panorama político, social, económico y cultural de España a partir de 1814, debe inscribirse en el contexto más amplio de estudio de la Europa post-napoleónica y, en especial, del período que va entre 1815 y 1848. El restablecimiento de la Monarquía fernandina, las sucesivas aboliciones y restauraciones del Antiguo Régimen, las emigraciones políticas josefinas de 1813, realistas de 1820 y doceañistas de 1814 y 1823, se inscriben en el contexto europeo decimonónico de formalización de una solidaridad contrarrevolucionaria europea plasmada, en lo jurídico, en el sistema internacional de Metternich, incubado en el Congreso de Viena (1815) y perfeccionado, posteriormente, a través de la instaurada práctica congresual. El concierto político europeo en torno a la doctrina contrarrevolucionaria tendrá su expresión más inmediata en el establecimiento del principio de injerencia y los pactos de la Santa Alianza.

El relato desde una perspectiva puramente nacional de los acontecimientos históricos españoles desde el fin de la Guerra de la Independencia hasta el término del reinado de Fernando VII (1833), estaría plagado de paradojas inexplicables, sin una referencia constante al clima de solidaridad internacional liberal y contrarrevolucionario que, en lo ideológico y en lo jurídico, tuvo lugar durante la primera mitad del siglo XIX en el continente europeo. ¿Cómo explicar la postura de los patriotas gaditanos que al tiempo que defendían la independencia de la Nación, enarbolaban los principios revolucionarios del invasor? o, ¿cómo concebir, volviendo a los josefinos, las persecuciones y seguimientos de las que serían objeto, en la propia Francia, durante el reinado de Luis XVIII? Y aún más paradójico, ¿cómo explicar que liberales y afrancesados o, lo que es lo mismo, españoles fieles al Rey Deseado y al Rey Intruso, se vieran abocados al exilio nada más acabar la guerra en la que se enfrentaron? El estudio del exilio afrancesado y constitucionalista posterior al “Manifiesto de los Persas”, no puede explicarse teniendo como exclusivo marco de referencia la Guerra de Independencia (1808-1814) en clave nacional (colaboracionistas vs. patriotas) o legitimista (josefinos vs. fernandinos), sino que se incardina en el contexto de la Europa de la Restauración y se explica en base al triunfo momentáneo en España, de una de esas dos categorías políticas, jurídicas, económicas, sociales y morales de vocación europea y universal, como era el absolutismo y a la que ninguno de los dos grupos pertenecía.

“Los liberales, no querían la guerra sin revolución, como pretendían los realistas, pero tampoco la revolución sin guerra, como pretendían los “afrancesados”, o al menos una minoría de ellos, pues la mayor parte de los que se doblegaron ante el Rey Intruso más que revolucionarios eran reformistas ilustrados. Los liberales querían resistir a las tropas enemigas, pero, a la vez, defender sus ideas. Guerra y Revolución. Revolución y Guerra. He ahí su grande y espinosísima tarea” .

Ganar ambas era tarea harto ambiciosa. Una vez ganada la guerra, fue derrotada la revolución. Los afrancesados perdieron ambas, a los liberales de nada les sirvió haber contribuido a ganar la primera. Si el Estatuto de Bayona perdía todo efecto legal con la firma del Tratado de Valençay y forzaba la expulsión de los ilustrados españoles adictos a la causa bonapartista en 1813; el 4 de mayo de 1814, mediante Decreto firmado en la ciudad de Valencia, Fernando VII abolía la Constitución de Cádiz y todas las leyes y disposiciones normativas aprobadas durante su vigencia. Con el inicio del Sexenio absolutista (1814-1820), los liberales españoles habrían de esperar en el exilio a un 1 de enero de 1820, para poder volver a soñar con la conciliación de la voluntad de la ley y la de su rey.

David Aller Soriano

VARELA SUANZES, J; “La Constitución de Cádiz y el Liberalismo español del siglo XIX”, en Revista de las Cortes Generales, nº 10, Madrid, 1987, p. 30.